miércoles, 18 de julio de 2007

La ropa va al diván

Dress Jet


“Soy un avión y me da miedo volar”. Serge es así. Te dice esas cosas luego de hacer el check in en Ezeiza y tratar inútilmente de dormirse en esos sillones de la sala de embarque que -de antiguos- de nuevo resultan modernos. Pero igual me cae bien. Toda la gente que trata de vestirse bien me cae bien. Yo me caigo bien, por ejemplo. Lo que no significa que me consienta demasiado, excepto cuando estoy en los probadores: ahí suelo darme la oportunidad de no ser yo.
“Pero boludo, eso no tiene nada que ver con vos. Me voy a matar de risa si salís vestido así” me dice D. Claudia que -a diferencia de Serge- es pata y me acompaña cuando vamos de exploración indumentaria. Ella es mi superyó auxiliar. Exclama estas cosas y evita que me desmadre en alienaciones fulminantes (en especial si me meto a las “comprame-todo-que-no-quiero-pagar-más-stock” de El Cid en Gurruchaga, que seguro le ponen al aire algún aerosol jipnótico y por un segundo creo que me podría vestir como un productor de cine independiente: evidente despropósito).
Pero buá, ya que mencioné al encargado del “deber ser” en nuestra mente, introduzco la materia esta columna percheada para blog: una prenda se tira en el diván y la pinponeamos, la parlamos, con ella. Hoy, una que usé un día frío-frío-como el agua del río, en condición de tercera capa (el diseñador Aitor T. en Londres es el pionero en la observación de la ropa como sistema de capas). Se trata de una remera manga larga con proyección ingenieril de jet 3D estampada, de Sixfeetunder.


¿Cómo te sentís?
-Para no ser algodón pima peruano o egipcio no me ando quejando.
Pero te noto livianita.
-En verano me lo vas a agradecer.
Si es que llegás al verano. Encogés de aquí a la China.
-Nadie te obliga a meterme en una secadora
-Mirá si te voy a lavar a mano y colgar solita. Ni que fueras remera tela de cebolla Kristobelga.
-Dejá de quejarte. Si tanto, me regalás después a alguna chica. A vos te gustan las talle médium. Quedás como rey.
-Del en-cogimiento.
-Lo dijiste vos…mirá cómo te estás riendo.


Fabrizio Serrano (Gracias Serge por prestarme el diván).

martes, 10 de julio de 2007


cuela tu prenda favorita en Delaropa y verás que bien se siente!!!! delaropa@gmail.com

martes, 3 de julio de 2007

Power Oysters

Serge siempre me lo dice: "Si una mujer llega con una capucha a cenar a tú casa, estás perdido". Pero Serge dice eso porque ha visto demasiadas pelis viejas del tipo "La amante del teniente Francés" o "La historia de Adele H", es un romántico y fantasea con que cada caperucita esconde -bajo el flequillo- un As de Loba. Y eso no es cierto (al menos NO SIEMPRE es cierto): también, la "caperuzada" en cuestión puede tener a una Power Ranger, a una Mujer-Araña (que besa y besa), a una enmascarada de lucha libre o a una kinky domina de video con cuerpos cubiertos de látex. Los diseñadores de la France jugaron la última Semana de la Moda de París con tales guiños perversitos (arriba) como acá:

A veces con felicidad,

O no,


Por supuesto que el manga-fashion será todo lo lindo que plazca, pero sobre las pasarelas no faltó el modisto que goza con el reunir caballitos de mar y bailaoras aptísimas para asustarnos en una aventura a lo David Lynch,

Pero a no perder la esperanza. Al final la Caballería integrada por los húsares de Coco Chanel, Givenchy siempre viene al rescate. Serge, no en vano marinero de lago patagónico, me dice "a esa:
...la invitaría a comer ciervo". Le digo que es mucho más sencillo, "ostras, querido Serge, ostras: su mérito principal es que no dejan culpa. Por si fuera poco, no podés arruinarlas con crema ninguna. Y siempre mejoran el sabor del champagne".

Fabrizio

martes, 26 de junio de 2007

Narranja bien narranja, te digo.

Moschino decidió tomar la crema de tomate que viene dentro de las latas de las andywarholianas sopas Campbell, elevarle el tono un par y ¡¡cha-chán!! aquí tenemos a su flamante ultimo par cocoreando por el norte de Italia. De ahora en adelante a quien mire con ojos saltones mis pants color helado de mango, le voy a decir "¿Moschino, tchó? Andá a cantarle a Milán".
Fabrizio.